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La relación histórica y simbólica entre Atlixco y el Popocatépetl

Atlixco, Puebla. Aunque el Popocatépetl es considerado una de las montañas más antiguas de México, geológicamente es relativamente joven en comparación con su vecino, el Iztaccíhuatl. Esta afirmación fue parte de una ponencia ofrecida durante los 30 años del despertar del volcán, en diciembre de 1994, en la que se planteó una inquietante pregunta: “¿Hasta dónde debería preocuparnos la constante actividad de Don Goyo?”

La respuesta a esta pregunta se vuelve especialmente relevante al analizar los asentamientos humanos en Atlixco, particularmente en la zona del cerro de San Miguel. Según estudios históricos y arqueológicos, las comunidades prehispánicas que habitaron la región, conocidas como los atlixcas, orientaron sus asentamientos hacia el Popocatépetl, específicamente en las áreas de Los Solares Chicos y Grandes.

El especialista Jaén Medina explicó que este patrón de ubicación no era casual. “La orientación de sus estructuras refleja una profunda reverencia hacia el volcán, acompañada de un claro entendimiento de su potencial destructivo. Los pueblos de esa época ya conocían los efectos mortales que este volcán podía provocar en determinados momentos”, señaló.

Jaén Medina también subrayó que esta relación simbólica y práctica entre Atlixco y el Popocatépetl ha perdurado hasta la actualidad. “Desde la fundación del pueblo hasta el presente, el respeto y el culto al volcán han sido constantes”, agregó.

Un ejemplo de esta conexión se encuentra en las excavaciones arqueológicas realizadas en la plazuela de la danza del Atlixcáyotl, ubicada en el cerro de San Miguel, que confirman la trascendencia de esta relación cultural y espiritual con el volcán.

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